DIMENSIONES DEL BINOMIO SALUD-ENFERMEDAD

Me gustaría realizar una reflexión de algunas causas de la existencia de las enfermedades. Hoy en día, los malos hábitos de vida, como el estrés, sedentarismo y la mala alimentación pueden conducir a que nuestro cuerpo físico se vaya gastando hasta que dice, ¡basta, ya no puedo más!. Me interesa especialmente este tema pues me encuentro yo misma en una situación personal que me ha llevado a indagar de una forma más profunda en esta  materia.

Pero la enfermedad es algo más complejo que todo esto, pues en muchos los casos, es una manifestación de nuestro campo emocional en el físico por una necesidad no satisfecha.

La medicina más holística o no convencional, insiste en tener en cuenta las emociones del paciente para detectar el origen de la patología. Incluso la medicina más evolucionada que fusiona sus conocimientos con la holística, reconociéndose esta fusión cómo medicina integrativa, tal y cómo es la Nutrición Celular Activa impulsada por el profesor Felipe Hernández, admite en que eso debería ser así (aquí les dejo un enlace donde encontrar más información)

Y si se tiene la mente bastante más abierta, y está familiarizado con las constelaciones familiares, le puede interesar el enfoque que nos da Brigitte de Champetier en su obra Constelar la Enfermedad (1):

La enfermedad es el resultado de nuestro rechazo a la vida y, a la vez, una propuesta de solución tanto de nuestro sistema familiar como de nuestro sistema corporal. La misión de la enfermedad es llevarnos a la curación; pero no nos dejamos guiar. Nos enseña cómo la curación pasa por la sanación, por una reconciliación, pero solamente nos lo enseña, pues es un camino que debemos recorrer nosotros, conscientemente. Y, en lugar de dirigir la  mirada hacia donde nos indica la enfermedad, lo que hacemos es mirarla incansablemente, a ella o al tratamiento. No entendemos la enfermedad; hemos olvidado el lenguaje de los símbolos, de las señales. Ya no sabemos ver la enfermedad; en Occidente, desde hace varios siglos, hemos perdido la capacidad de leer la vida.

Por otro lado, me llegó la oportunidad de leer el libro de Laura Gutman, La maternidad y el encuentro con la propia sombra (2), donde ella también hace una exposición sobre la enfermedad que sigue la línea de lo expuesto anteriormente. Me parece interesante compartir con ustedes las páginas que ella dedica a la explicación de este tema, así que aquí les dejo con la lectura, un poco larga pero contundente, con la esperanza de llevarles a ustedes también a una reflexión profunda sobre una parte de ustedes mismos:

Los procesos del mundo material tienen significado si los comprendemos dentro del mundo de las ideas. Reconocemos con facilidad los procesos funcionales, pero confundimos lo que «vemos» con lo que «representa». Por ejemplo, el termómetro representa la temperatura del cuerpo, pero no produce dicha temperatura. Cuando el mercurio sube, interpretamos que el cuerpo está más caliente. De esta manera abordaremos el tema de las enfermedades más allá de lo meramente funcional, es decir, como sistema de representación del ser humano.

 Las personas funcionamos en varios planos simultáneamente: el plano físico, el plano mental y el plano espiritual. Los pensamientos y sentimientos convierten a cada persona en un ser único. El punto de partida es la conciencia, que emite cierta información: cuando el modelo es más o menos armonioso, lo denominamos «salud», y en el caso de ser menos equilibrado lo llamamos «enfermedad», aunque estos dos términos no representan algo tan concreto como solemos creer.

 La mayoría de las situaciones que vivimos las elaboramos en los planos superiores. Cuando el sentimiento es doloroso o por alguna razón inconsciente, decidimos desecharlo, reaparece en el plano físico. Es decir, se materializa. Esta materialización inconsciente de aspectos ocultos de nuestra alma se titula «síntoma».

 El síntoma en el cuerpo invariablemente molesta. La primera reacción es querer eliminar esa molestia que «viene de fuera a perjudicarnos». Sin embargo, el síntoma físico es la mejor señal de la que dispone el ser humano para buscar el origen del desequilibrio. Es llamativo que la medicina occidental esté tan dedicada a hacer desaparecer infructuosamente todas las llamadas de atención, sin siquiera mostrar curiosidad por los verdaderos motivos de la aparición de los síntomas.

 El cuerpo no está enfermo; la enfermedad se equipara al estado de conciencia de la persona. Por eso no puede haber división entre enfermedades psicosomáticas y enfermedades puramente orgánicas, ya que todas las manifestaciones del cuerpo responden a los planos mentales y espirituales, es decir, todo es psicosomático.

 Los síntomas son señales y portadores de información precisa,son maestros implacables, son guías en el camino de introspección y búsqueda personal. Por ello, es necesario aprender y comprender el lenguaje de los síntomas.

 Los seres humanos tenemos tendencia a formar y emitir opiniones que son siempre válidas para nosotros mismos, y cuanto más fuertemente las defendemos, más negamos las opiniones en apariencia adversas. Así es como caemos en la ilusión de creer que respondemos siempre a la mejor de las opciones, negando que exista en nosotros el otro polo. Lo que no queremos ser, lo que no queremos admitir, lo que no queremos recordar, forman nuestro polo negativo, forman nuestra sombra. El repudio de la otra mitad de las posibilidades no las hace desaparecer, sólo las niega en la conciencia.

La sombra es todo lo que el individuo no puede reconocer de sí mismo. La sombra nos angustia; por eso la hemos rechazado. La sombra nos enferma, es decir, que se materializa atrayéndonos el otro polo no reconocido, y entonces nos completa.

 La enfermedad es siempre una parte de la sombra que se introduce en la materia, indicando «lo que me falta, lo que he rechazado, lo que he olvidado, lo que he despreciado».

 Podemos «ver» la sombra sólo si está proyectada, como en el espejo. Así funciona nuestro cuerpo. La sombra es todo lo que el individuo no logra reconocer de sí mismo, para concluir ocupándose en especial de esa parte. La enfermedad siempre nos muestra el otro polo, la parte oculta que preferimos desconocer. La sombra contiene todo lo que consideramos malo, lo cual nos lleva a creer que debemos combatirla. Pero resulta que el bien depende del mal. Si fuéramos capaces de conocer y aceptar nuestra sombra, tal vez no habría nada para combatir. Quizá nos dedicaríamos a escuchar lo que la enfermedad tiene para decirnos. Los síntomas son molestos por lo general, y por esa razón volvemos a rechazarlos cuando podríamos utilizar esa oportunidad para traer a la conciencia el polo que con anterioridad no pudimos aceptar. La enfermedad trae a la luz de la conciencia lo que está relegado a la sombra, y así nos convierte en seres un poco más auténticos, sinceros, vulnerables y verdaderos.

 ¿Qué diferencia hay entre resfriado y tristeza? ¿Nervios o úlcera? ¿Egoísmo o cáncer? ¿Miedo o psoriasis? La enfermedad tiene, en nuestra concepción corriente, una connotación negativa; se supone que tenemos que luchar contra las enfermedades, ya que son terribles enemigos que nos acechan. Sin embargo, sería interesante que abandonáramos por un rato esta lucha y estuviéramos dispuestos a ver lo que la enfermedad tiene de valioso para mostrarnos. Esto es posible sólo con la disposición honesta de cuestionarnos nuestras opiniones y elevar nuestro pensamiento. La curación tiene que ver con la ampliación del conocimiento de sí mismo.

 La enfermedad se produce en el cuerpo, y por supuesto necesita una condición funcional para plasmarse. Pero esa condición no es causante de la enfermedad (por ejemplo un virus) sino que el ser humano lo utiliza como medio para realizar la enfermedad. En la aparición de los síntomas puede haber causas funcionales muy diversas, pero éstas son indiferentes para comprender el significado esencial que la enfermedad tiene para esa persona en particular.

 Para intentar un acercamiento a la comprensión de la enfermedad, es necesario relacionar los síntomas con otros hechos físicos y emocionales, aunque a veces les demos muy poco valor, por considerarlos insignificantes. También es preciso encontrar correspondencias con pensamientos análogos, buscando coincidencias en las manifestaciones, en el lenguaje, en el relato de la dolencia. Y situar el síntoma en el tiempo, es decir, en qué circunstancias hizo su aparición. Darse cuenta de a qué nos obliga el síntoma es otro dato interesante, si pensamos que el síntoma «nos completa», nos «ofrece lo que nos faltaba».

 Es importante señalar que un síntoma siempre se anuncia primero en la mente, bajo la forma de idea, deseo, fantasía, temor. Sólo cuando no es tenido en cuenta reaparece en el plano material, en el cuerpo, por lo general de manera análoga. La enfermedad aparece cuando uno se halla en condiciones de dar un paso más en el camino de comprensión. Las situaciones externas aparecen cuando las generamos desde nuestro interior.

 La medicina tradicional tiene como objetivo la desaparición de la enfermedad y, más aún, la desaparición de los síntomas. <<Luchar» contra la enfermedad es luchar contra nosotros mismos (contra nuestra sombra, que también somos nosotros). Y por eso falla. El objetivo nunca debería ser la desaparición del síntoma, ya que él nos permitirá comprender el camino a seguir.

 La medicina académica inventa especialidades cada vez más pequeñas y separadas del cuerpo humano. Genera recursos para tratar los órganos y las diferentes partes del cuerpo, y descuida al individuo enfermo que habita ese cuerpo.

 Escuchar realmente un síntoma nos obliga a ser más sinceros con nosotros mismos. No tenemos otro amigo más sincero, alguien que nos muestre las cosas con tanta crudeza. Combatir la enfermedad es creer que la enfermedad es un obstáculo y que está contra nosotros, en vez de aceptar que es parte nuestra y que nos da la posibilidad de hacernos más completos, de generar un camino de curación.

 Los síntomas no están divididos en categorías. Simplemente, hay que comprender su lenguaje análogo.

Salud!

 

BIBLIOGRAFIA Y WEBS

(1) Método de Limpieza Vital del profesor Felipe Hernández. [URL: https://www.youtube.com/watch?v=d_NJX5ODsE4]. Consultado 1/01/2017.

(2) Champetier de Ribes, B (2011). Constelar la enfermedad desde las comprensiones de Hellinger y Hamer. Ediciones gaia.

(3) Gutman, L (2003). La maternidad y el encuentro con la propia a sombra. Capítulo 7.  Ed. Del Nuevo Extremo

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